19/8/08

Las halleñas son como las flores



Al menos las que yo conocí esa noche, de pasada nomás, porque como buenas alemanas que resultaron, apenas el reloj marcó las 12 en punto, se retiraron a sus casas porque al siguiente día trabajaban a las 8 en punto. Pero ese es tan solo el desenlace.
Partimos de Barcelona luego de haber permanecido ahí durante 10 días, sintiéndonos casi residentes, moviéndonos como delfines en el metro sofocante, derramando gotas de sudor a cada paso en medio de esos 35 grados de temperatura. Ya hartos del calor.
Agarramos los autos vía Alemania. Un Citroen Jumper enorme y un Ford Tourneo Connect más pequeño, cargados de maletas, instrumentos y el extraño sentimiento del qué será. Para llegar a Halle, la Halle de Sajonia-Anhalt, al este del país, no la de Westfalia que está al occidente, debimos atravesar casi toda Francia de sur a norte y luego hacer una giro hacia la derecha. De horas, claro, como el viaje entero: 16 de Barcelona hasta Mulhause, en la frontera Francia-Alemania, donde, como se puede leer, el lenguaje ya comienza a complicarse. Paramos en uno de los hoteles Fórmula 1, parte de la cadena de estancias para viajeros y profesionales del volante que dedican su vida a permanecer en contacto con el asfalto, como ahora nosotros, y que son como una nave nodriza con interior modular y acabados de baño de avión: cabinas pequeñas para dormir, con una cama doble y encima de ella una litera diminuta; inodoros comunales tal cual los de un Boeing, y junto a ellos las duchas también colectivas que se activan por chorros con duración determinada. Llegamos a las 4 de la mañana y al siguiente día partimos de nuevo a eso de las 11h00 para poder llegar a Halle alrededor de las 19h00 y hacer la prueba de sonido. Arrivamos, tras 8 horas más de viaje, o sea, 24 en total desde Barcelona, con las justas para instalarnos en el escenario y hacer una prueba breve antes de que la clientela del Objekt 5, escenario importante de la ciudad, empezara a ocupar las mesas.
Con el primer arribo de la gira motorizada empezamos a aprender algo: 1. A los cálculos preliminares de los trayectos hay que añadirle un par de horas demás de desfase porque estamos respetando a rajatabla los límites de velocidad impuestos para las carreteras; porque a veces el GPS (apodado Gipsy por los jóvenes soñadores de la banda) colapsa por cansancio y nos mete por senderos laberínticos; por las justas y necesarias paradas para alimentarnos, estirar las piernas y acudir al inodoro y 2. Que The Shadow mismo mismo no se lleva bien con los aparatos de nueva tecnología y que definitivamente jamás volverá a operar el GPS. Fue el culpable de que en el arranque de la gira hayamos perdido al menos dos horas porque, según sus instrucciones, debíamos adentrarnos en los pueblos más ocultos entre los Pirineos franceses, cuando en verdad debíamos tomar las autopistas de alta velocidad. Ahora, a eso de meterse por donde sea, así como a colgarse de los puentes y a no alimentarse lo necesario, The Shadow llama turismo extremo.



Además, es importante señalar que el desvío por el que nos llevó era tan alejado de la ruta que literalmente nos llevó a la… (les advierto, es sin ánimo de ofender a nadie ni de parecer vulgar, es, simplemente, cuestión de apegarse a los hechos)


El Objekt 5 es un bar legendario en esta zona de Alemania y, si se lo quiere ver más ampliamente, seguramente significará un hito a nivel nacional por su permanencia en la escena festiva muy a pesar de las complicaciones. Se inició en los 70, en medio de la Guerra Fría y cuando el muro de Berlín todavía estaba bien templado, como un bar underground y clandestino. Tres casas contiguas se juntaron en el proyecto, tumbaron paredes, juntaron jardines e ínfulas de libertad y fiesta y levantaron este bar que, hasta la caída del muro, permanecía en el anonimato ante las autoridades y los detractores de la libre diversión, solo funcionaba puertas adentro, tras de las cortinas, con la identidad secreta y la música como banda sonora de un régimen que se iba carcomiendo.


Por ahí han pasado varias leyendas del jazz mundial y muchos de los exponentes latinoamericanos contemporáneos más atractivos de lo que por aquí llaman rock mestizo o rock festivo. Hace tres semanas tocaron los argentinos caramelo Santo y estos días tocarán los uruguayos Abuela Coca. En el medio de ellos, nosotros, los primeros ecuatorianos que han pisado ese escenario y los que lo desbarataron con buena vibra, con rumba, entrega y una fusión particular que ellos han considerado casi única. No lo digo yo, lo aclaro, lo dice la reseña que aparece en su sitio web y que, traducida al español, dice más o menos esto:

Die außergewöhnlichste Band Ecuadors auf unserer Bühne! vom 05.08.2008 12:11 Uhr

Es ist das erste mal das eine ecuadorianische Band bei uns gastiert und das die dann "außergewöhnlich " ist, versteht sich fast von selbst.

Ein furioser Mix aus Cumbia und diversen anderen Tanzstilen, trifft auf Latino Rock. Kennen wir zwar schon ganz gut aus Spanien und Argentienien- aber so kraftvoll haben wir das selten erlebt.

La banda mas "fuera de serie" (tradujeron chimbo, como fuera de serie) del ecuador en nuestro escenario del 05. 08. 2008 12:11

Es la primera vez que nos ha visitado un grupo ecuatoriano, y que es "fuera de serie" esta fuera de toda duda.

Un mix salvaje entre cumbia y de otros ritmos bailables y rock latino. (Aunque esto ya lo conociamos de grupos espanioles y argentinos,) pero tal fuerza lo hemos vivido en muy pocas ocasiones.

Qué les parece?? buenisimo verdad???!!! felicitaciones otra vez...
si no se acuerdan quien soy, fui la pesada de los autografos (jje) o el llavero del aleman grande con la camiseta de caviedes.

Se les Quiere la Bola
Mónica

Halle/ Saale 2008

(la traducción es una gentileza de Mónica, una ecuatoriana residente en Halle, casada con un alemán que conoció en Quito, quien el día del concierto calzaba la alterna de El Nacional que en la espalda alta dejaba ver el nombre I. Kaviedes).

Matthias es el dueño del Objekt 5, el tipo parece haber pasado por mucho, por las dulces y las amargas en nombre de la libre diversión, ahora tiene el rostro sereno de quien se sabe ubicado en su espacio, y lleva en los ojos la marca de un espíritu calmado, generoso y cálido. En el local nos da dejan un camerino cómodo, como canapés fríos, cerveza y café. Para luego del concierto hubo comida caliente, más cerveza y al final un hotel confortable con su desayuno bufete. Nada menos de lo uno necesita y más de lo que se está acostumbrado. Mención especial tienen los amigos ecuatorianos, nuevos amigos desde ese momento, que llegaron de Praga manejando 3 horas para vernos y brindarnos una botella de Becherovka, una bebida popular de la República Checa, perfumada, calurosa, concentrada en hierbas que es, mágicamente, beneficiosa para los problemas intestinales, de los que ya empezamos a padecer algunos de nosotros. Luego del concierto los amigos se regresaron a Praga, manejaron de nuevo tres horas porque tenían que trabajar a la madrugada. Grandes personas.
Matthias nos da un abrazo enorme, se despide felicitándonos, deseándonos suerte para el resto de la gira, comprometiéndonos para regresar a su local el próximo año y ofreciéndonos ponernos en contacto con los agentes claves de Alemania. Porque nos lo merecemos, dijo.

Las datos:

- 24 horas de viaje.
- 1500 kilómetros de carretera.
- Alrededor de 150 personas en el Objekt 5, en pleno verano cuando los habitantes salen de vacaciones, lo cual es alentador.
- Ingresos importantes, buena venta de merchandising.
- Varios amigos nuevos que viven en la zona. Saludos y agradecimientos a Álvaro y al otro pana, el que estudia deporte de alto rendimiento.
- Nuevos conocimientos, aunque bastante mínimos todavía, sobre la vida en esa Alemania unificada que aún mantiene rezagos de la antigua división. Un Occidente agringado, costoso, tecnologizado al máximo; un Oriente más barato, con fuerte xenofobia y donde todavía hay gente que espera poder instalarse en el Occidente como si se tratara de un país, otro, más avanzado.

15/8/08

AVISO IMPORTANTE

Amigos y amigas, todos y todas,
no es que uno no quiera ponerse al dîa con las novedades de la gira, sino que sencillamente no se puede fâcilmente. Andamos de un lado a otro, con horas eternas de viajes y llegadas a punto para los conciertos, ademâs de con pocos chances de acceso a internet, pero les prometo que apenas tengamos un poco de tiempo libre les seguirê contando de la travesîa, por ahî ya hay un texto listo sobre el toque en Alemania que ya mismo serâ publicado.

Abrazos a todos y gracias por los comentarios.

So far, todo va bien. Bastante bien.

5/8/08

In the buskers mood


Buskers es el término anglo que designa al músico que toca en plazas y aceras esperando poder vivir de lo que otorga la voluntad de la gente que lo aprecia. De ahí el espíritu de este festival que va por la cuarta edición en Barcelona. De ahí su nombre y la ausencia total de infraestructura y equipamiento de amplificación para que las bandas podamos hacer lo nuestro conectados a un monitor. Los escenarios son las explanadas del Passeig Joan Borbó y del Passeig Maritim, o sea, el malecón del puerto donde los adinerados del mundo tienen parqueados su yates y el de la playa artificial de la Barceloneta, la que en lugar de la arena propia del mar tiene algo así como toneladas de bloques de construcción pulverizados. Por el espíritu del festival, entonces, donde se supone que debe primar la vena de juglar acústico, es que cada banda, si así lo quiere, debe gestionar su propio equipo de sonido y lo que estime necesario para su presentación. Vistas así las cosas, al menos de entrada, pareciera que uno va al festival más bien a incurrir en gastos antes que a ser reconocido económicamente por tocar. Y así mismo es, pero solo de entrada, ya verán porqué.
Alquilamos monitores, una consola de mezcla, pedestales para micrófonos, cables varios y una batería con lo básico para sonar. La percusión latina fue fruto de otra historia casi tormentosa luego de haber hecho varios intentos fallidos, pero que al final fue prestada gentilmente sin ningún costo por un par de colegas catalanes que le entran a los tambores. Gracias a ellos.


El festival, programado del jueves 31 de julio al domingo 3 de agosto, empezaba a las 19h00 con varias bandas tocando al mismo tiempo en lo extenso de los lugares antes nombrados. Se tocaba de 19h00 a 24h00 las tandas que las bandas decidieran y haciendo recesos tan prudentes como fuera necesario para lograr tener nuevo público reunido al frente. El jueves 31 empezamos casi a las 20h00 porque algo de la hora ecuatoriana se atravesó en nuestras labores. Ahí estábamos, en un malecón más pelucón que el de Guayaquil, pero donde sí dejan andar sin camiseta y hacer muchas más sandeces que pondrían colorado al alcalde Nebot, a pesar de que por acá el tema de la regeneración urbana y las nuevas normas de civismo le han aplicado a la movida de la calle una tensión que a punto está de rozar con la represión.

Primer round

La cantidad de gente es difícil de calcular ya que en lo que se llama espacio público sin restricciones de parqueo, el público llega a rodearle a uno y a ubicarse tan próximo que hasta se deja escuchar en sus críticas porque el del trombón ya va desafinado a la tercera canción. Pero eso es parte de las intenciones buskers: la simbiosis que en un momento del concierto se llega a tener con el público, como el ponerte a limpiar la casa con música sabrosa a buen volumen y al cabo de minutos tener a toda la vecindad bailando en la sala sin haberse hecho invitar explícitamente, y sin que te importe que el piso se vuelva a ensuciar. Así fue, de a poco con la gente que se iba a animando, primero los primeros que ya se guardaron en la valija de nuestras mejores memorias: un trío de señores con síndrome de Down que seguramente salieron de paseo y de pronto se toparon con esa banda chimba armando pito en el malecón. Uno de ellos, sabroso con su dulzura, hasta se puso a dirigir a la sección de vientos haciendo en el aire con una batuta imaginaria las figuras mágicas que hacen los maestros directores encachinados como pingüinos. El pequeño Hugo se enterneció tanto que resolvió ser feliz esa noche y entregar su música para esos ejemplares espectadores. El pequeño Hugo hasta bailó, movió su caderita piano piano en el merengue andino que vacilamos, cuando una de sus características principales, además de su cachucha bacana y su bufandita de alpaca, es que sobre el escenario es tieso como un bolo de CocaCola. El pequeño Hugo luego pretendió hablar italiano. Y fue feliz.
Jamming de cumbia en mi menor y los de los metales que muestran sus sombreros y pasan entre la gente para solicitar su soporte (o sea, su dinero), y luego que vuelven para terminar con la primera tanda de la tarde. Monedas y billetes dentro del estuche de la guitarra y los primeros entusiastas que se dirigen al stand controlado por MariJo para adquirir discos y camisetas. Los céntimos que comienzan a chocar entre sí con el fascinante chasquido del cobre que se acumula, como la lluvia metálica que a veces aflojan las máquinas tragamonedas. Para terminar con la primera tanda, lo que ya se ha vuelto costumbre porque la plena que es efectiva y deja el cuerpo encendido como una buena dosis de cafeína por la mañana: Nena, ven besa tu bemba afroambateña (traducida al inglés, para las audiencias no hispanoparlantes: Baby, come and kiss your black lips. Sí, hubo muecas de asco) con el inserto magistral del tema tradicional y festivo La cuchara de palo (tan-tarán-tarán-tarán / tan-tarán-tarán / ¡chis!), y los primeros ecuatorianos del público que a punto están de quebrarse, pero que resuelven la nostalgia juntándose en el baile y levantando con gusto otra copita de ron. Del mismo que empezaron a cruzarnos a nosotros y que fue el que nos puso, para el final de la tercera tanda, además de eufóricos por ver la respuesta entusiasmada de la gente, la acumulación de público al frente nuestro en relación al del resto de bandas que se presentaban ese mismo momento metros al lado, y a los aplausos que nos brindaban al final de cada tema, borrachos. Punto.


Las cifras:
- 3 tocadas de 45 minutos y dos recesos de 20 entre las 20h00 y las 24h00.
- Mucho público, muchísimo, más del que pensábamos y más emoción, aún, de la que esperábamos encontrar en este festival que nos parecía poco colaborador.
- 800 euros de recaudación entre venta de discos, camisetas y dinero recogido del público en los sombreros de los vientistas. Una pequeña fortuna tampoco esperada y que nos aligera, de entrada, el resto de la gira que en términos económicos la teníamos algo apretada. Y más reconfortante todavía al saber que el mito urbano del Buskers es el hecho de que una banda catalana, La Pegatina, en una edición pasada, por ser bastante conocida y apreciada localmente, había llegado a hacer cerca de 1000 euros en una jornada. Nosotros, siendo extranjeros y recién llegados, hicimos en nuestra primera presentación una cifra similar. Y no es que nos vamos a poner a definirnos en términos monetarios, pero por supuesto que este caso termina siendo un medidor del agrado que hemos causado y, sobre todo, el empujón de gracia que necesitábamos para pensar que mañana será mejor, o al menos parecido.
- Seis italianas, dos francesas y un amanecer en la playa con vodka naranja y cerveza a domicilio, de las que venden los inmigrantes árabes con su tan simpática pronunciación del inglés. Cerveza-bíer; cerveza-bíer.
- Ocho músicos borrachos y…

Segundo round
Domingo 3 de agosto. Trámite semejante, pero en locación diferente, esta vez ya no en el puerto de los yates sino en una explanada al ladito del mar. Por ser el cierre del festival la jornada no debía pasarse de las 22h00 y, por ende, debíamos empezar antes de las 19h00 para aprovechar las tres horas, pero de nuevo el fantasma de la impuntualidad se nos asomó y empezamos pasadas las 19h00 con el kiosko de nuestros productos esta vez regentado por el Wantán Frito. En las fotos, Leao, y en el público más ecuatorianos que en la jornada anterior.
Primera ronda bastante decente. El público queda contento y se mantiene en su parcela de cemento esperando por la segunda dosis. Pasan 20 minutos y es hora de empezar de nuevo, pero el Paolo ha desaparecido y no se sabe de él, hasta que logro ubicarlo en su celular y me cuenta que fue víctima de una descomposición intestinal y que tuvo que salir soplado hasta su baño más abajo en la misma Barceloneta. Es de los que tienen recelo a los baños públicos. Dice que una vez escuchó que desde el inodoro contiguo un caballero le llamaba a su esposa para contarle que la noche anterior le había sido infiel, y que lo duro de la historia, por los detalles siniestros que no pueden ser relatados en este espacio, le habrían provocado un trauma que en términos patológicos se traduce en una esquizofrenia que le hace ver en los baños públicos una suerte de confesionario laico. Y teme que le pueda pasar algo parecido.


Pero luego llegó y empezó la segunda tanda y la que sería la última de la noche, del festival y de nuestra estadía de 10 días en Barcelona. Le metimos todo el ñeque y nos alegramos profundamente de la cantidad de ecuatorianos que, expresamente y también por casualidad, se juntaron en esa esquina de la playa para vernos tocar. Pusimos a bailar cumbia a propios y extraños, propios los que saben bailarla y extraños los que la gozan moviéndose como sujetos de un exorcismo, como la Carne Seca, de quien se especula que ni siquiera sabe bailar mosh. Y así nos despedimos del Buskers y de las calles de Barcelona, con buena brisa y el sol ya curtido en nuestras pieles, esta vez con casi 600 euros, menos que en la primera jornada, pero con una bandera ecuatoriana que la tomamos en comodato de un compatriota que asomó con ella a la tocada. Nos la dejó prestada, solo prestada porque es la única que tiene y porque la compró en Banderines Gutiérrez, no ahí nomás afuera del Atahualpa. Así que ya tenemos una para cuando nos agarre el momento de la demagogia. Digo, porque está claro que la riqueza de un país no se expresa en un símbolo.
Ah, y también terminamos con dos danesas, también menos que en la jornada anterior.



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Mañana salimos hacia Alemania, cruzaremos toda Francia a lo ancho y luego de nueve horas de conducción dormiremos en Toulouse para, a la mañana siguiente, manejar seis horas más hasta llegar a Halle y dar nuestro único concierto en el país de Heinz Dieterich. A ver si se asoma.
Gracias a todos quienes nos abrieron sus puertas en Barcelona, a quienes nos ayudaron en los conciertos vendiendo nuestros discos y cargando y descargando los equipos, y a quienes nos auguraron un resto de gira exitoso.
Hasta pronto. Y que la fuerza se mantenga con nosotros.

Siendo martes de madrugada, a pocas horas de dejar España, reportó para ustedes, Z. Rosero.

3/8/08

Bautizo: La Resistencia


Hospitalet, en las afueras de Barcelona, sala La Resistencia, 12 am. Es hora de empezar el concierto y, acostumbramos como estamos a esperar un poco más, siempre un poco más hasta que llegue la cantidad de gente suficiente como para el lugar del concierto no se vea desierto, esperamos un poco, pero esta vez, al contrario, la gente amenazaba con irse si no comenzábamos por esto de que la localidad donde nos presentamos es lejos del centro de la ciudad, porque se debe hacer maniobras con el transporte y sus conexiones para llegar a destino y, sobre todo, porque la gente que nos vino a ver esta vez, como ocurre casi siempre, es gente decente que trabaja como la gente decente, o sea, con turnos indecentes que empiezan, por ejemplo, a las 5h30 de la mañana. Entonces, tuvimos que iniciar el toque en condiciones que, por qué no decirlo, a algunos de nosotros nos inyectaron algo de pesimismo por aquello de nuestra tendencia a mirar algunas cosas con fatalidad y a pensar que en adelante las cosas serán parecidas. Pero solo a algunos de nosotros nos pasa, porque también hay quienes tienen los nervios templados y el corazón de hierro, los que nunca se quiebran ante la adversidad y miran las desavenencias como oportunidades para fortalecer los espíritus derrotistas. Para citar a alguien, con sobra de merecimientos por tener el temple de los Jedi más feroces, debemos nombrar al inefable Shadow y su crespo mohicano, también conocido en el Ecuador entero como Cry Baby. No el mohicano que luce radiante sino él.
En resumen, eso de utilizar las aparentes contrariedades como oportunidades de fortalecimiento, en términos musicales quiere decir convencerse uno mismo de tomar un concierto escaso en público “como otro ensayo más y divertirse al máximo, amigos, ¡qué pasa!”. Y en efecto así fue, nos divertimos a pesar de las cifras y nos sentimos inaugurados por el hecho de haber presentado la primera tocada, aunque en realidad la inauguración oficial, por cuestión de los resultados obtenidos, se daría al siguiente día.


Las cifras en La Resistencia: entre 20 y 25 gatos contando al dueño del lugar pero sin contar a los nueve de la banda y tampoco al excelentísimo músico quiteño Gabriel Montúfar, que anda por estas aguas y que nos colaboró haciendo de ingeniero de sonido. Entradas pagadas: 13, porque hasta los panas a veces se portan sapos. Taquilla: 54 euros que ya pueden alcanzar para una tanqueada del auto más pequeño, no el del GPS, el otro. Y sí, la verdad que estuvo divertido a pesar de la poco concurrencia. Es que haciendo una inspección para determinar el porqué de la escasa convocatoria, nos dimos cuenta de que nos habían tapado los afiches que diligentemente pegamos en todo el barrio con un spray mágico que vuelve la tarea instantánea. Encima de los nuestros se habían pegado afiches que anunciaban la llegada de Cristo a la ciudad. Y ahí sí, sea lo que sea, tampoco es que nos vamos a poner en el plano de decir que nosotros somos más famosos que el pana.

30/7/08

Reagrupación familiar



Como sucede en las grandes y pequeñas familias alguna vez desintegradas, esta vez llegamos, cargados de maletas y osos de peluche, al Prat de Llobregat y ahí nos esperaban Paolo y sus esposa (además de algunos otros amigos y familiares), con globos, serpentinas y un medio furgón.



Por supuesto que fue emocionante, tanto que lo primero que le dijimos fue: - Paolo, ¿cuánto tiempo más es que te quedas? - (para tener como pretexto venir cada año, pues).



En serio que había alquilado un medio furgón, el pequeño de los dos, no el del GPS, el otro. Cargamos las maletas ahí y al maleta del Shadow, que tenía los piecitos hinchados, y el resto nos fuimos en metro, procurando el ejercicio etnográfico del recién llegado.

Nos instalamos repartidos entre la casa de mi prima MariJo (que vive con su yunta española Joaquín, con Leao, el de los dos cromosomas brasileños, y Kariane, la suizaecuatoriana simpatizante de la Ecuarunari).

Luego de la diligente repartición del espacio en los pisos de los amigos, y habiendo logrado mágicamente evitar la tendida de una cama caliente, nos dirigimos hacia la Barceloneta, al borde del mar, y ahí empezó a complicarse la existencia. Digo porque las chicas son nadaquehacer cosa seria. Y porque andamos en plena juventud receptiva a los estímulos de la naturaleza. Y porque hay demasiadas. Y porque no se puede. Cada uno, cada uno.

Amanecimos en la playa, se acabó la primera de vodka de las que compramos en el Duty Free de Guayaquil. Es que la emoción…

Buen clima en la madrugada, pero entrada la mañana el asunto ya empieza a ponerse cargoso, al menos para uno, que es bien serrano. Enseguida un descanso necesario y más tarde de vuelta a la playa de La Barceloneta para ver las cosas a color, y claro que molan más, ¿sabes?, como dice El Wantán, papá skater de los que ruedan en el MACBA, quiteño de cepa e italiano de chiripa.

Y así el día, entre el Barrio Gótico, las Ramblas, una picada en El Rabal y 10 mil tacos de ojo al personal gabacho que abunda en el centro. ¡Son tantos y tan parecidos! Y la tanda de sánduches y shawarmas que llegó para malnutrir nuestra salud, porque es lo más barato, ahí donde los árabes, empresarios del pequeño comercio de alimentos, bebidas, abarrotes, locutorios telefónicos, gafas, accesorios y ropa chimba. Sudadotes ahí sirviendo carne de ternera asada en pan pita con un monte de vegetales, salsa de yogur con especias y otra picantona, pero ligera. Sabroso.

Al fin, jornada de ubicación, paseo y shock, en especial el que tuvo The Shadow, cuando al ver el Palau de la Música Catalana dijo querer una casa así para asomarse al balcón y saludar a la gente haciendo girar su manito 90 grados, izquierda derecha, izquierda derecha, con la palma extendida hacia el cielo y la sonrisa a medio gas.


El Palau de la Música Catalana

2. Han sido días de ensayo para todos, menos para mí porque, como presentía, se hizo difícil conseguir percusiones prestadas, y alquilarlas costaba una fortuna. Aproveché, entonces, para hacer relaciones públicas, o sea, pegar afiches, repartir flyers y atender una entrevista en Radio Prestige, emisora local dirigida a ¡toda esa linda comunidad latina!



La Carne Seca también anduvo de barajo porque cayó enfermo, y eso que ni siquiera hemos tocado el primer concierto. Pobre. Es que anda tan mal alimentado… y la solitaria que lo habita ha usufructuado de su flora intestinal ya con descaro. Pero ahí anda, tomando cucharadas de propóleo, aunque todavía delirando en fiebre. Anoche soñó que volvía Bucaram.

Cierto, El Pequeño Hugo también anduvo con nosotros, echando ojo ´e chícharo a la vanguardia arquitectónica de esta ciudad (¿alguien sabe qué es chícharo?), y contrariado por el trabajo que aún tiene que entregar para una clase de su universidad. Ahí está, por dejar todo para el último, le dijo su mamá.



Llegaron El Mono y el Galo -los que faltaban- trayendo todo el vigor de su adultez temprana. Tras el madrugón por su bienvenida (de rigor), salió la segunda comitiva para seguir pegando afiches e intentar romper el récord de caminata diaria que habíamos alcanzado con La Carne y El Pequeño Hugo el día anterior, pero no lo lograron, les dimos veintisiete vueltas, nosotros empezamos a las dos de la tarde y a las dos de la mañana estábamos en un pueblo llamado Parets del Vallés, a 40 minutos de Barcelona, tratando de compenetrarnos en sus fiestas anuales, pero lejos quedamos. Se debió a la fatiga en medio de este calentamiento glonal (global-hormonal), claro, pero también a que aquí, en los pueblos, ha sabido armarse el jolgorio con bandas vejantonas que interpretan cadenas de popurrís armados con los hits más berreados del Siglo XX. De Julio Iglesias a Guns n´Roses. Y como que ese no es el concepto que nosotros tenemos de una banda de pueblo, al menos no para ese momento de la madrugada, después de haber caminado en un día lo que en Quito no habíamos caminado durante lo que va del año.



Hoy andamos relajados. Almorzamos bien -al fin-, en la Universidad Pompeu Fabra, donde estudia el Paolo. Precio de estudiante europeo: 6, 45 euros la comida completa.
Es miércoles entrando en la noche y se supone que no se lo debe desaprovechar, pero aquí andan La Carne, dormido al frente mío, y El Pollo, a su lado en un colchón sobre el piso, perdido en el vértice superior derecho de la puerta de entrada al cuarto, con sus ojos saltones, como dos huevos fritos, entre irritados y adormecidos. Estamos los tres con los camaradas que nos hospedan, en pleno centro de Barcelona, en la zona de La Sagrada Familia, donde empieza una trepadita hacia el norte, pero lamentablemente ninguna ventana del departamento tiene una vista espectacular.

Mañana tocaremos el primer concierto de la gira.

29/7/08

Llegamos


Las cosas empezaron a pintar bien cuando el agente de Air Comet, tan simpático él, nos anunció que había reservado asientos en Primera Clase para toditos nosotros seis. ¡Brutal!, el viaje de 13 horas hasta Madrid sería placentero dentro de las posibilidades que brinda una aerolínea de medio pelo como esa (aunque hay que reconocer que su tropa de aeromozas califica para primera clase por sí misma), y a pesar de que hasta ahora no sabemos el porqué de esa deferencia, en agradecimiento al gentil joven le regalamos un disco de la banda, mismo que en sus manos seguramente no pasará de la segunda canción, que por cierto es una cumbia, por lo que hay altas probabilidades de que le guste.

Pasamos las aduanas de Madrid sin ningún problema, de hecho, el efectivo de migración hasta nos deseó suerte y, cuando miró la camiseta de la gira que lucía Michael Sevilla (a.k.a William Isaías), soltó la media sonrisa condescendiente de quien quisiera decir, y lo piensa, discúlpalos señor, no saben lo que hacen.

El momento engorroso se dio al pasar de terminal para tomar la conexión hacia Barcelona. Una pareja de guardias hostiles, los de los filtros de seguridad, nos hacen abrir las maletas y sacar los artefactos electrónicos de sus estuches, en eso…

- Chuta, tanta huevada que tengo aquí – que dice la Carne Seca en voz alta.
- ¡Estas no son ningunas huevadas, son normas aeroportuarias! – que dice la señora vigilante.
- No, nos referimos a todas las cosas que tenemos aquí, así decimos nosotros a… - que intercede Iván Mendieta (de aquí en adelante The Shadow) para calmar las aguas.
- Parece que no han entendido el castellano, les dijimos que… – que instiga, esta vez, el otro agente en plan ofensivo.
- No, sí entendemos – que replica la Carne.
- Pues parece que no porque andáis todo ahí quedados – que increpa la señora ya subida de todo.
- Le decimos que así decimos nosotros a cualquier cosa, no es un insulto – que insiste The Shadow.
- Y yo te digo que son las normas aeroportuarias – que sigue la dama.
- ¿Perdón? – que pregunta La Carne ya desubicado.
- Joé, que no entienden na´a, que os he dicho que… - que quiere rematar el caballero
- Señores, ¿por qué no se callan? – que remata El Pollo, tan discreto, conciliador y altivo.


Reportando desde Barcelona, Z. Rosero.

El porqué


(William Isaías -el tercero desde la izquierda-, a sus sanos 24 en la Barceloneta, Barcelona, España, 1965)