30/8/08

Activistas en Bruselas


De los pueblos pequeños de frontera viajamos a la capital belga. En Bruselas nos esperaba un concierto organizado con más ganas y entusiasmo que con recursos de producción. Un par de estudiantes latinos, uno ecuatoriano y otro venezolano, al enterarse de nuestra gira nos ofrecieron organizar una tocada en la ciudad donde residen, y hacerlo a través de la organización político-cultural que ellos crearon, la Mediateca del Sur. Así fue. Ellos acordaron con el Centro Cultural García Lorca, un recintod e activismo y gestión fundado en las épocas de la Guerra Civil Española por los padres de quienes ahora lo tienen a cargo. En él los inmigrantes de todos los continentes encuentran espacio para desarrollar sus actividades de identificación cultural sin que importen la lengua ni las costumbres. Los españoles y los belgas a cargo del sitio lo asumen como un núcleo de actividad diversa, progresista y libre, así que ahí pasa de todo y hay espacio para lo distinto: ensayos de danza, proyección de documentales, fiestas con cerveza y conciertos chimbos. No había grandes condiciones técnicas, apenas una consola pequeña para hacer sonar lo indispensable de la instrumentación, y un escenario donde holgadamente caben cuatro personas, pero ahí nos metimos nueve.
El evento iniciaba con la proyección del documental 'Historias de papel', que relata la historia de un grupo de ecuatorianos quienes, a través de la ocupación simbólica de una la iglesia en Bruselas, reivindican su derecho a un documento de identidad y a una digna aceptación como inmigrantes y trabajadores. El asunto conjugaba una idea de rechazo a la Directiva Retorno propuesta por la Unión Europea, y como no hay nada mejor que ponerle sazón bailable a lo sencillo y a lo complejo, ahí estuvimos nosotros para vacilar con ese público tan diverso y tan efusivo.


No faltaron lso ecuatorianos jóvenes y maduros, los que armaron el pogo y los que se quedaron sentados mirando desde atrás. Hubo africanos, franceses, españoles, belgas, evidentemente, y de nuevo nuestro amigo Nacho, el ex Mortero, que de nuevo fue a saludarnos porque en Amberes ya habíamos quedado de panas. Tan alhaja él, otra vez nos trajo un regalito.
Hubo prensa belga que grabó el concierto en audio para difundirlo en un programa cultural de la Radio Nacional y de nuevo hubo buena venta de nuestro material de promoción. La táctica ya estaba aprendida. Los compañeros de los vientos, que son la primera línea en presencia y en show, apenas terminado el concierto despliegan las bolsas llenas de camisetas y discos y les saltan al cuello a los más entusiastas del público, especialmente a las chicas, con las que no ha fallado la estrategia del “toma el disco, míralo, tócalo, siéntelo, y si te convence y te da ganas, me lo compras, si no, me lo devuelves”, y vaya que ha funcionado, todas vuelven con billete en mano y hasta se han dado casos de quienes envuelven en los 10 euros un papelito con la respectiva dirección de email y dos que tres provocaciones en flamenco. Las traducciones se han hecho a conveniencia. Para bien y para mal.
Como dije, la gestión de la organización fue hecha en total camaradería. Los mismos amigos de la Mediateca se encargaron de preparar la comida para nosotros, un sabroso estofado de carne de ternera, tipo goulash, cuya base para la salsa es uan cerveza negra belga, de las pesadas y viscosas. Sabrosas.
El hospedaje fue igual, todos repartidos en casas distintas, algunos con camas particulares, otros con colchón al piso para cada uno y otros con colchón al piso compartido. Plaza y media, dos plazas máximo, el asunto estaba en saber hasta dónde extender las piernas y en girar el cuerpo con tino para no darse de frente con la espalda peluda del compañero. Por suerte El pollo es un tipo decente y duerme profundamente.
Primer desconcierto respecto al diseño y distribución de la vivienda promedio en la Bélgica de los jóvenes estudiantes: casas de hasta seis pisos que comparten un baño y una cocina por piso, mismo que se compone de cuatro habitaciones, cada una con su puerta de entrada independiente pero interconectadas entre ellas por otras puertas, de manera que tanto se puede entrar a la habitación de uno por la puerta que le corresponde como por la que le conecta con el cuarto del vecino o por el baño que ya era de todos desde hacía ratón. Mientras uno está en el baño, que no tiene aldaba ni seguro, y que para dar señas de ocupación debe mantener el foco encendido, el vecino de piso, que puede ser un completo desconocido, puede abrir la puerta que conecta su cuarto con el contiguo para pasar hacia la cocina, donde está el lavabo que corresponde al piso entero –porque el lavabo no está dentro del cuarto de baño- y donde se rejuntan los ananayes de belleza de las chicas con los implementos de limpieza de los caballeros. Y al lado un sartén revoltoso que cuece unos huevos fritos mientras el roomate se lava los dientes. Digámoslo, es bastante distinto a nuestra concepción de la distribución del espacio, al menos en términos ideales, donde cada segmento de la vivienda tiene su cuarto y donde no se concibe la comparticion del baño de uno con el vecino porque la intimidad de uno es la de uno. Pero eso es cultural, logístico y práctico. Simplemente es distinto. Y nosotros nos acomodamos bien, y al siguiente día gozamos de un exquisito desayuno con los amigos que nos ofrecieron sus casas, sus baños compartidos y su gestión cultural para nosotros poder compartir la nuestra. Gracias a ellos, a su entusiasmo y a su fuerza para mantener un espacio donde las distintas culturas puedan manifestarse con libertad.
Saludos a Felipe y a su novia que ahora andan con nuevas aventuras en El Salvador. Y al brother Luis, el ecuatoriano que nos contactó de entrada. Se te ve muy bien con el delantal vendiendo los mejores chocolates del mundo.


(Los amigos de la Mediateca del Sur, los responsables de nuestro concierto en Bruselas).

29/8/08

La Rocola en un micromundo antillano


Por fortuna el siguiente trayecto fue corto. A esas alturas los traslados largos ya empezaban a encorvar la espalda. De Antwerpen fuimos hacia Hoogstraten (pronunciada con un acento de alargamiento sobre las dos “o”, lo que le da al nombre una fonética dura, áspera, precisa para poner en riesgo nuestra falta de costumbre para aplicar distintos acentos a las vocales que nos parecen siempre iguales), un pueblito de granjas y jardines perfectos en el rincón de Bélgica que en cuestión de cuadras se convierte en Holanda. Era el primer festival de gran envergadura al que asistiríamos, el Antilliaanse Feesten, un encuentro de músicas del Caribe y las Antillas: salsa, cumbia, soca, bachata, vallenato, y lo nuestro, un champús posmoderno de todo y más.
El cartel incluía a los cubanos Manolito y su trabuco, ¡qué señora banda!; a Chichi Peralta, más bien turro el veterano; a los colombianos de Son de Cali y El binomio de oro, salsa y vallenato cortavenas, como para partirse el alma con el aguardiente que por esas tierras no se encuentra ni en la imaginación: la cerveza y los mojitos de 7 euros lo acaparan todo. El seco con yapa eran Wisin y Yandel, pero el dúo perreador canceló en la víspera y los colorados de Hoogstraten se quedaron con ganas de dembow.



Nuestra entrada al festival fue curiosa, al director le hicimos ver (porque miró el video dirigido por Sebastián Cordeo) el único tema que algo tiene de salsa, Condominio de Cartón, y le pareció suficiente para incluirnos en el programa. Suerte la nuestra, éramos lo más distinto a la corriente sabrosona que atrajo esa tarde a miles de europeos y latinos residentes en Bélgica y Holanda, mayoritariamente, pero lo hicimos bien, abrimos el festival en el escenario más pequeño de los tres, una carpa grande con mesas como de cafetería del Oeste vaquero a los lados, una pista de baile amplia al medio, y un Dj a las espaldas del escenario principal, que animaba los intermedios.
La primera impresión fue de eso, de impresión. A nosotros, que ya habíamos estado en el Rock al Parque, donde las cosas de la estructura parecen más grandes de lo que son, la producción de este festival nos pareció inmensa. Armada en una granja enorme con corrales para animalitos, el Antilliaanse incluía tres escenarios, uno grande, otro mediano y un pequeño, varias salas de baile con Dj de distintos géneros latinos, entre los que predominaban el reguetón, el dancehall y esa explosiva rumba antillana que es la soca, tan acelerada, vertiginosa y desconocida por acá. Había, además, un patio inmenso con puestos de comida del mundo entero, entre ellos uno de Ecuador, donde los paisanos, venidos desde Bruselas, que no se dedicaban al negocio de la comida, improvisaron con buen nivel un menú con fritada y llapingachos, tortillas con chorizo y arroz con pollo, el clásico con harto achiote (llevado desde Quito por un familiar de ellos), pero hervido en cacerola para paella, y pusieron a hacer filas largas hasta a los inspectores de sanidad que iban registrando los permisos de funcionamiento de los kioskos.


Por otro lado había bares con secciones exclusivas para la venta de cerveza y otras para el expendio de cócteles varios; una zona de juego para los infantes, y una de camping para los que se mandaron el fin de semana completo: 55 euros la entrada con derecho a camping, en realidad, un precio bastante cómodo para los que se acostumbran en festivales de calibre semejante.
Y bueno, más allá de la imponente estructura, como la del monumento a Cristóbal Colón, en Barcelona, que a The Shadow le provocó la intermitente -y como aplicada con delay- evocación de un ¡imponente¡, ¡imponente…e…e¡, la fiesta musical fue gigante. La nuestra, con algo de diferencia con respecto al resto de exponentes, por lo de las guitarras distorsionadas y los gusanitos de Pujilí que no provocan precisamente rumba sino algo de mosh entre los más jóvenes de la audiencia, y la del resto, por lo espectacular de las orquestas, la producción de la puesta en escena y la descarga de sabor en el baile. Había que ver a los europeos quebrando cadera, algunos con más swing que otros, pero todos con gusto, sin que importase la simetría en los pasos sino las ínfulas de fiesta eterna, que no lo fue tanto pero sí lo suficiente. A las 6 de la mañana terminó ese primer día de festival con algo de salsa colombiana. Algunos cadáveres de la noche yacían tendidos en la grama, y otros, a tientas alcanzaban a llegar a sus carpas. Nosotros, medio cadáveres medio zombis, agarramos nuestros tereques y nos fuimos hacia el hotel, al ladito nomás, en Berda, Holanda, con el gusto de la conquista en el paladar y sobre él el amargo de unos cuantos mojitos.




Nos esperaba el mejor hospedaje de la gira, cuatro estrellas de verdad, lástima que lo ocupáramos tan solo durante cuatro horas de descanso. A las 12 en punto, la dama de recepción nos invitó gentilmente a abandonar el hotel. Lagañosos, tuvimos que partir de nuevo. Por fortuna alguien llevó nos cuantos Finalín.

28/8/08

Zé pequeño y la ciudad de las tribus marcadas



El siguiente tramo incluía un nuevo cruce por Francia hasta llegar a Antwerpen (Amberes), en Bélgica, para dar el primero de los conciertos en el país que más veces nos tendría que escuchar. Llegamos, una vez más, apenas a tiempo para poner a rodar una prueba de sonido y poco después soltar el concierto. El lugar era el Bar Mondial, con la “o” en lugar de la “u” por las sutilezas de esa lengua flamenca que nos resultó tan extraña y a la vez gustosa por aquello de la primera fuerte impresión, como el haber entrado a la ciudad a través del barrio judío y ver a las huestes ortodoxas con sus trajes oscuros, sus sombreros de paño cubiertos con fundas de basura para que no los estropeara la garúa, montadas en una bicicleta de volante como cuernos de antílope, dejando ondear en el viento los rulos que se les prolongan desde las patillas.


(El exterior del Bar Mondial y al fondo la Catedral de Antwerpen con su reloj que retumba cada hora)
Luego, el siguiente encontrón expectante sería el que tendríamos con Zjef, el agente con el que tomamos contacto a través de myspace.com, y el que aceptó trabajar con nosotros consiguiéndonos tocadas después de haber oído el último disco y haber chequeado unos cuantos videos en youtube. El tipo se arriesgó, es un veterano de las arenas del espectáculo que andaba retirado del bussiness pero que empezaba a embarcarse de regreso y se le ocurrió hacerlo con nosotros, ubicándonos en seis conciertos entre festivales grandes y restaurantes para la tercera edad. Nosotros también nos arriesgamos porque no lo conocíamos y le confiamos una mini gira dentro de la completa, pero su oportuna y directa comunicación y la concisa descripción del panorama de la música en su país nos invitaba a querer juntar nuestros planes con su experiencia. Así que para eso fuimos a Amberes la tarde del 8 de agosto, para dar el primer concierto y conocer a Zjef (su nombre se pronuncia Jeff, pero nosotros le llamábamos Zé, y como hablaba portugués quedó de Zé pequeño). Él estaba ahí, afuera del bar Mundial, en pleno centro de la ciudad, esperándonos con una sonrisa de contento desesperado porque llegábamos con las justas. Tras los estrechones de manos de rigor montamos el escenario con una diligencia que a nosotros mismos nos sorprendió por su eficiencia.


Luego de la prueba de sonido y de las primeras cervezas belgas, apenas traspasamos una puerta ubicada en el baño de varones del lugar y nos encontramos en lo que sería el comedor de la casa que nos acogió. Junto a él, la ducha, y encima de todo, dos cuartos llenos de literas limpias para nuestra estancia.


La sabia y práctica acomodación de un dueño que ofrece todos los servicios de hospitalidad en su misma casa: la comida, la cama, la cerveza y la invitación para un pronto regreso si el espectáculo termina siendo de su agrado. Como pasó con nosotros. Porque el dueño y las pocas personas que acudieron a vernos se enfiestaron a la misma temperatura de una convocatoria masiva. Eso se nota desde arriba y te lo comentan quienes al final se acercan a comprarte un disco, una camiseta, a invitarte una cerveza o a tratar de perfilar un affair, como ocurrió con el Coqueto Vélez, el de la sonrisa reluciente y la mirada árabe, el que aplicó el primer quiebre romántico de la gira cuando esa noche, tras el concierto, conoció a la pelirroja Lynn y bajo la lluvia madruguera la besó en medio de la plaza del Big Market. Luna turbia, chubasco constante, las estatuas sudando de frío y el reloj de la catedral que anunciaba las 3. Ambos en el centro, con las calzadas reflejando ardor en su contorno, y él que da el primer paso y marca territorio.
Con el nightshot de la cámara con la que fue registrado el momento, la escena luce majestuosa. Véala en el DVD venidero.


(El público y, a la izquierda, Zé Pequeño con su compañera Cris, de ahí en adelante, la pareja que se ocuparía de nuestras presentaciones en Bélgica)


Entonces, nos fue muy bien. Juntamos entre la poca gente a skinheads antifascistas, a chicas góticas de Los Ángeles, a veteranos rockeros de la ciudad, a un brother ambateño, músico de distorsión, ex miembro del grupaso Mortero -Nacho se le dice con cariño y agradecimiento- y a un músico/showman/narrador de su ciudad, Gregor “Terror” se hace llamar, es miembro de la Antwerpen Gipsy Ska Orchestra y fue a vernos al Bar Mondial porque le interesan las expresiones culturales más variadas que, según él, solo se muestran en ese lugar, porque su ciudad –dice- es como una oficina modular dividida notoriamente entre las diferentes etnias que la ocupan, y los antros de la cultura son guetos a donde no tiene acceso nadie que no sea de la movida: hay lo hip hop, lo electrónico, lo gipsy ska, lo punk y lo punk fascista, y zapatero a tus zapatos, no te cruces de barrio ni te metas en el bar que no te corresponde porque ¡boom¡, el riesgo puede ser grande. Los movimientos xenófobos abundad y actúan con violencia y periodicidad: como que la diferencia es causa de molestia. Y Gregor sabe de la cosa, la contextualiza a manera de fenómeno urbano y la relaciona con un sistema político casi incomprensible, donde no se sabe cuál de los cinco gobiernos es el que se debería considerarse belga. Y tiene que ver con las distintas regiones de un mismo país, las diferentes lenguas que se hablan y algunas intenciones autonomistas que se impulsan. Eso nos lo contó con su inglés sabrosón, su gesticulación rapera y su sombrerito de Don Ramón. También nos felicitó y nos confesó que nuestra energía supera a la de su banda (y dijo que eso era difícil porque él y sus colegas eran considerados los bravos del género), y nos recomendó seguir trabajando con Sevj porque sabe que tiene buenos contactos e intenciones sinceras, así que confirmamos la apuesta por el ahora gran amigo belga que, al parecer, seguirá fichando conciertos para que esta banda chimba vuelva a armar maletas los años siguientes. Esperemos que así sea.


(El Palacio donde los distintos representantes de los gobiernos del país se juntan a cuadrar políticas, en la plaza del Big Market, ahí donde El Coqueto encendió motores por primera vez).

Pd: se recomienda visitar la zona roja de Antwerpen, estética y maldad a lo Ámsterdam, pero con la cierta benevolencia de una ciudad más pequeña y la familiaridad suficiente para que las guías del paseo sean dos chicas de 20 años.

19/8/08

Las halleñas son como las flores



Al menos las que yo conocí esa noche, de pasada nomás, porque como buenas alemanas que resultaron, apenas el reloj marcó las 12 en punto, se retiraron a sus casas porque al siguiente día trabajaban a las 8 en punto. Pero ese es tan solo el desenlace.
Partimos de Barcelona luego de haber permanecido ahí durante 10 días, sintiéndonos casi residentes, moviéndonos como delfines en el metro sofocante, derramando gotas de sudor a cada paso en medio de esos 35 grados de temperatura. Ya hartos del calor.
Agarramos los autos vía Alemania. Un Citroen Jumper enorme y un Ford Tourneo Connect más pequeño, cargados de maletas, instrumentos y el extraño sentimiento del qué será. Para llegar a Halle, la Halle de Sajonia-Anhalt, al este del país, no la de Westfalia que está al occidente, debimos atravesar casi toda Francia de sur a norte y luego hacer una giro hacia la derecha. De horas, claro, como el viaje entero: 16 de Barcelona hasta Mulhause, en la frontera Francia-Alemania, donde, como se puede leer, el lenguaje ya comienza a complicarse. Paramos en uno de los hoteles Fórmula 1, parte de la cadena de estancias para viajeros y profesionales del volante que dedican su vida a permanecer en contacto con el asfalto, como ahora nosotros, y que son como una nave nodriza con interior modular y acabados de baño de avión: cabinas pequeñas para dormir, con una cama doble y encima de ella una litera diminuta; inodoros comunales tal cual los de un Boeing, y junto a ellos las duchas también colectivas que se activan por chorros con duración determinada. Llegamos a las 4 de la mañana y al siguiente día partimos de nuevo a eso de las 11h00 para poder llegar a Halle alrededor de las 19h00 y hacer la prueba de sonido. Arrivamos, tras 8 horas más de viaje, o sea, 24 en total desde Barcelona, con las justas para instalarnos en el escenario y hacer una prueba breve antes de que la clientela del Objekt 5, escenario importante de la ciudad, empezara a ocupar las mesas.
Con el primer arribo de la gira motorizada empezamos a aprender algo: 1. A los cálculos preliminares de los trayectos hay que añadirle un par de horas demás de desfase porque estamos respetando a rajatabla los límites de velocidad impuestos para las carreteras; porque a veces el GPS (apodado Gipsy por los jóvenes soñadores de la banda) colapsa por cansancio y nos mete por senderos laberínticos; por las justas y necesarias paradas para alimentarnos, estirar las piernas y acudir al inodoro y 2. Que The Shadow mismo mismo no se lleva bien con los aparatos de nueva tecnología y que definitivamente jamás volverá a operar el GPS. Fue el culpable de que en el arranque de la gira hayamos perdido al menos dos horas porque, según sus instrucciones, debíamos adentrarnos en los pueblos más ocultos entre los Pirineos franceses, cuando en verdad debíamos tomar las autopistas de alta velocidad. Ahora, a eso de meterse por donde sea, así como a colgarse de los puentes y a no alimentarse lo necesario, The Shadow llama turismo extremo.



Además, es importante señalar que el desvío por el que nos llevó era tan alejado de la ruta que literalmente nos llevó a la… (les advierto, es sin ánimo de ofender a nadie ni de parecer vulgar, es, simplemente, cuestión de apegarse a los hechos)


El Objekt 5 es un bar legendario en esta zona de Alemania y, si se lo quiere ver más ampliamente, seguramente significará un hito a nivel nacional por su permanencia en la escena festiva muy a pesar de las complicaciones. Se inició en los 70, en medio de la Guerra Fría y cuando el muro de Berlín todavía estaba bien templado, como un bar underground y clandestino. Tres casas contiguas se juntaron en el proyecto, tumbaron paredes, juntaron jardines e ínfulas de libertad y fiesta y levantaron este bar que, hasta la caída del muro, permanecía en el anonimato ante las autoridades y los detractores de la libre diversión, solo funcionaba puertas adentro, tras de las cortinas, con la identidad secreta y la música como banda sonora de un régimen que se iba carcomiendo.


Por ahí han pasado varias leyendas del jazz mundial y muchos de los exponentes latinoamericanos contemporáneos más atractivos de lo que por aquí llaman rock mestizo o rock festivo. Hace tres semanas tocaron los argentinos caramelo Santo y estos días tocarán los uruguayos Abuela Coca. En el medio de ellos, nosotros, los primeros ecuatorianos que han pisado ese escenario y los que lo desbarataron con buena vibra, con rumba, entrega y una fusión particular que ellos han considerado casi única. No lo digo yo, lo aclaro, lo dice la reseña que aparece en su sitio web y que, traducida al español, dice más o menos esto:

Die außergewöhnlichste Band Ecuadors auf unserer Bühne! vom 05.08.2008 12:11 Uhr

Es ist das erste mal das eine ecuadorianische Band bei uns gastiert und das die dann "außergewöhnlich " ist, versteht sich fast von selbst.

Ein furioser Mix aus Cumbia und diversen anderen Tanzstilen, trifft auf Latino Rock. Kennen wir zwar schon ganz gut aus Spanien und Argentienien- aber so kraftvoll haben wir das selten erlebt.

La banda mas "fuera de serie" (tradujeron chimbo, como fuera de serie) del ecuador en nuestro escenario del 05. 08. 2008 12:11

Es la primera vez que nos ha visitado un grupo ecuatoriano, y que es "fuera de serie" esta fuera de toda duda.

Un mix salvaje entre cumbia y de otros ritmos bailables y rock latino. (Aunque esto ya lo conociamos de grupos espanioles y argentinos,) pero tal fuerza lo hemos vivido en muy pocas ocasiones.

Qué les parece?? buenisimo verdad???!!! felicitaciones otra vez...
si no se acuerdan quien soy, fui la pesada de los autografos (jje) o el llavero del aleman grande con la camiseta de caviedes.

Se les Quiere la Bola
Mónica

Halle/ Saale 2008

(la traducción es una gentileza de Mónica, una ecuatoriana residente en Halle, casada con un alemán que conoció en Quito, quien el día del concierto calzaba la alterna de El Nacional que en la espalda alta dejaba ver el nombre I. Kaviedes).

Matthias es el dueño del Objekt 5, el tipo parece haber pasado por mucho, por las dulces y las amargas en nombre de la libre diversión, ahora tiene el rostro sereno de quien se sabe ubicado en su espacio, y lleva en los ojos la marca de un espíritu calmado, generoso y cálido. En el local nos da dejan un camerino cómodo, como canapés fríos, cerveza y café. Para luego del concierto hubo comida caliente, más cerveza y al final un hotel confortable con su desayuno bufete. Nada menos de lo uno necesita y más de lo que se está acostumbrado. Mención especial tienen los amigos ecuatorianos, nuevos amigos desde ese momento, que llegaron de Praga manejando 3 horas para vernos y brindarnos una botella de Becherovka, una bebida popular de la República Checa, perfumada, calurosa, concentrada en hierbas que es, mágicamente, beneficiosa para los problemas intestinales, de los que ya empezamos a padecer algunos de nosotros. Luego del concierto los amigos se regresaron a Praga, manejaron de nuevo tres horas porque tenían que trabajar a la madrugada. Grandes personas.
Matthias nos da un abrazo enorme, se despide felicitándonos, deseándonos suerte para el resto de la gira, comprometiéndonos para regresar a su local el próximo año y ofreciéndonos ponernos en contacto con los agentes claves de Alemania. Porque nos lo merecemos, dijo.

Las datos:

- 24 horas de viaje.
- 1500 kilómetros de carretera.
- Alrededor de 150 personas en el Objekt 5, en pleno verano cuando los habitantes salen de vacaciones, lo cual es alentador.
- Ingresos importantes, buena venta de merchandising.
- Varios amigos nuevos que viven en la zona. Saludos y agradecimientos a Álvaro y al otro pana, el que estudia deporte de alto rendimiento.
- Nuevos conocimientos, aunque bastante mínimos todavía, sobre la vida en esa Alemania unificada que aún mantiene rezagos de la antigua división. Un Occidente agringado, costoso, tecnologizado al máximo; un Oriente más barato, con fuerte xenofobia y donde todavía hay gente que espera poder instalarse en el Occidente como si se tratara de un país, otro, más avanzado.

15/8/08

AVISO IMPORTANTE

Amigos y amigas, todos y todas,
no es que uno no quiera ponerse al dîa con las novedades de la gira, sino que sencillamente no se puede fâcilmente. Andamos de un lado a otro, con horas eternas de viajes y llegadas a punto para los conciertos, ademâs de con pocos chances de acceso a internet, pero les prometo que apenas tengamos un poco de tiempo libre les seguirê contando de la travesîa, por ahî ya hay un texto listo sobre el toque en Alemania que ya mismo serâ publicado.

Abrazos a todos y gracias por los comentarios.

So far, todo va bien. Bastante bien.

5/8/08

In the buskers mood


Buskers es el término anglo que designa al músico que toca en plazas y aceras esperando poder vivir de lo que otorga la voluntad de la gente que lo aprecia. De ahí el espíritu de este festival que va por la cuarta edición en Barcelona. De ahí su nombre y la ausencia total de infraestructura y equipamiento de amplificación para que las bandas podamos hacer lo nuestro conectados a un monitor. Los escenarios son las explanadas del Passeig Joan Borbó y del Passeig Maritim, o sea, el malecón del puerto donde los adinerados del mundo tienen parqueados su yates y el de la playa artificial de la Barceloneta, la que en lugar de la arena propia del mar tiene algo así como toneladas de bloques de construcción pulverizados. Por el espíritu del festival, entonces, donde se supone que debe primar la vena de juglar acústico, es que cada banda, si así lo quiere, debe gestionar su propio equipo de sonido y lo que estime necesario para su presentación. Vistas así las cosas, al menos de entrada, pareciera que uno va al festival más bien a incurrir en gastos antes que a ser reconocido económicamente por tocar. Y así mismo es, pero solo de entrada, ya verán porqué.
Alquilamos monitores, una consola de mezcla, pedestales para micrófonos, cables varios y una batería con lo básico para sonar. La percusión latina fue fruto de otra historia casi tormentosa luego de haber hecho varios intentos fallidos, pero que al final fue prestada gentilmente sin ningún costo por un par de colegas catalanes que le entran a los tambores. Gracias a ellos.


El festival, programado del jueves 31 de julio al domingo 3 de agosto, empezaba a las 19h00 con varias bandas tocando al mismo tiempo en lo extenso de los lugares antes nombrados. Se tocaba de 19h00 a 24h00 las tandas que las bandas decidieran y haciendo recesos tan prudentes como fuera necesario para lograr tener nuevo público reunido al frente. El jueves 31 empezamos casi a las 20h00 porque algo de la hora ecuatoriana se atravesó en nuestras labores. Ahí estábamos, en un malecón más pelucón que el de Guayaquil, pero donde sí dejan andar sin camiseta y hacer muchas más sandeces que pondrían colorado al alcalde Nebot, a pesar de que por acá el tema de la regeneración urbana y las nuevas normas de civismo le han aplicado a la movida de la calle una tensión que a punto está de rozar con la represión.

Primer round

La cantidad de gente es difícil de calcular ya que en lo que se llama espacio público sin restricciones de parqueo, el público llega a rodearle a uno y a ubicarse tan próximo que hasta se deja escuchar en sus críticas porque el del trombón ya va desafinado a la tercera canción. Pero eso es parte de las intenciones buskers: la simbiosis que en un momento del concierto se llega a tener con el público, como el ponerte a limpiar la casa con música sabrosa a buen volumen y al cabo de minutos tener a toda la vecindad bailando en la sala sin haberse hecho invitar explícitamente, y sin que te importe que el piso se vuelva a ensuciar. Así fue, de a poco con la gente que se iba a animando, primero los primeros que ya se guardaron en la valija de nuestras mejores memorias: un trío de señores con síndrome de Down que seguramente salieron de paseo y de pronto se toparon con esa banda chimba armando pito en el malecón. Uno de ellos, sabroso con su dulzura, hasta se puso a dirigir a la sección de vientos haciendo en el aire con una batuta imaginaria las figuras mágicas que hacen los maestros directores encachinados como pingüinos. El pequeño Hugo se enterneció tanto que resolvió ser feliz esa noche y entregar su música para esos ejemplares espectadores. El pequeño Hugo hasta bailó, movió su caderita piano piano en el merengue andino que vacilamos, cuando una de sus características principales, además de su cachucha bacana y su bufandita de alpaca, es que sobre el escenario es tieso como un bolo de CocaCola. El pequeño Hugo luego pretendió hablar italiano. Y fue feliz.
Jamming de cumbia en mi menor y los de los metales que muestran sus sombreros y pasan entre la gente para solicitar su soporte (o sea, su dinero), y luego que vuelven para terminar con la primera tanda de la tarde. Monedas y billetes dentro del estuche de la guitarra y los primeros entusiastas que se dirigen al stand controlado por MariJo para adquirir discos y camisetas. Los céntimos que comienzan a chocar entre sí con el fascinante chasquido del cobre que se acumula, como la lluvia metálica que a veces aflojan las máquinas tragamonedas. Para terminar con la primera tanda, lo que ya se ha vuelto costumbre porque la plena que es efectiva y deja el cuerpo encendido como una buena dosis de cafeína por la mañana: Nena, ven besa tu bemba afroambateña (traducida al inglés, para las audiencias no hispanoparlantes: Baby, come and kiss your black lips. Sí, hubo muecas de asco) con el inserto magistral del tema tradicional y festivo La cuchara de palo (tan-tarán-tarán-tarán / tan-tarán-tarán / ¡chis!), y los primeros ecuatorianos del público que a punto están de quebrarse, pero que resuelven la nostalgia juntándose en el baile y levantando con gusto otra copita de ron. Del mismo que empezaron a cruzarnos a nosotros y que fue el que nos puso, para el final de la tercera tanda, además de eufóricos por ver la respuesta entusiasmada de la gente, la acumulación de público al frente nuestro en relación al del resto de bandas que se presentaban ese mismo momento metros al lado, y a los aplausos que nos brindaban al final de cada tema, borrachos. Punto.


Las cifras:
- 3 tocadas de 45 minutos y dos recesos de 20 entre las 20h00 y las 24h00.
- Mucho público, muchísimo, más del que pensábamos y más emoción, aún, de la que esperábamos encontrar en este festival que nos parecía poco colaborador.
- 800 euros de recaudación entre venta de discos, camisetas y dinero recogido del público en los sombreros de los vientistas. Una pequeña fortuna tampoco esperada y que nos aligera, de entrada, el resto de la gira que en términos económicos la teníamos algo apretada. Y más reconfortante todavía al saber que el mito urbano del Buskers es el hecho de que una banda catalana, La Pegatina, en una edición pasada, por ser bastante conocida y apreciada localmente, había llegado a hacer cerca de 1000 euros en una jornada. Nosotros, siendo extranjeros y recién llegados, hicimos en nuestra primera presentación una cifra similar. Y no es que nos vamos a poner a definirnos en términos monetarios, pero por supuesto que este caso termina siendo un medidor del agrado que hemos causado y, sobre todo, el empujón de gracia que necesitábamos para pensar que mañana será mejor, o al menos parecido.
- Seis italianas, dos francesas y un amanecer en la playa con vodka naranja y cerveza a domicilio, de las que venden los inmigrantes árabes con su tan simpática pronunciación del inglés. Cerveza-bíer; cerveza-bíer.
- Ocho músicos borrachos y…

Segundo round
Domingo 3 de agosto. Trámite semejante, pero en locación diferente, esta vez ya no en el puerto de los yates sino en una explanada al ladito del mar. Por ser el cierre del festival la jornada no debía pasarse de las 22h00 y, por ende, debíamos empezar antes de las 19h00 para aprovechar las tres horas, pero de nuevo el fantasma de la impuntualidad se nos asomó y empezamos pasadas las 19h00 con el kiosko de nuestros productos esta vez regentado por el Wantán Frito. En las fotos, Leao, y en el público más ecuatorianos que en la jornada anterior.
Primera ronda bastante decente. El público queda contento y se mantiene en su parcela de cemento esperando por la segunda dosis. Pasan 20 minutos y es hora de empezar de nuevo, pero el Paolo ha desaparecido y no se sabe de él, hasta que logro ubicarlo en su celular y me cuenta que fue víctima de una descomposición intestinal y que tuvo que salir soplado hasta su baño más abajo en la misma Barceloneta. Es de los que tienen recelo a los baños públicos. Dice que una vez escuchó que desde el inodoro contiguo un caballero le llamaba a su esposa para contarle que la noche anterior le había sido infiel, y que lo duro de la historia, por los detalles siniestros que no pueden ser relatados en este espacio, le habrían provocado un trauma que en términos patológicos se traduce en una esquizofrenia que le hace ver en los baños públicos una suerte de confesionario laico. Y teme que le pueda pasar algo parecido.


Pero luego llegó y empezó la segunda tanda y la que sería la última de la noche, del festival y de nuestra estadía de 10 días en Barcelona. Le metimos todo el ñeque y nos alegramos profundamente de la cantidad de ecuatorianos que, expresamente y también por casualidad, se juntaron en esa esquina de la playa para vernos tocar. Pusimos a bailar cumbia a propios y extraños, propios los que saben bailarla y extraños los que la gozan moviéndose como sujetos de un exorcismo, como la Carne Seca, de quien se especula que ni siquiera sabe bailar mosh. Y así nos despedimos del Buskers y de las calles de Barcelona, con buena brisa y el sol ya curtido en nuestras pieles, esta vez con casi 600 euros, menos que en la primera jornada, pero con una bandera ecuatoriana que la tomamos en comodato de un compatriota que asomó con ella a la tocada. Nos la dejó prestada, solo prestada porque es la única que tiene y porque la compró en Banderines Gutiérrez, no ahí nomás afuera del Atahualpa. Así que ya tenemos una para cuando nos agarre el momento de la demagogia. Digo, porque está claro que la riqueza de un país no se expresa en un símbolo.
Ah, y también terminamos con dos danesas, también menos que en la jornada anterior.



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Mañana salimos hacia Alemania, cruzaremos toda Francia a lo ancho y luego de nueve horas de conducción dormiremos en Toulouse para, a la mañana siguiente, manejar seis horas más hasta llegar a Halle y dar nuestro único concierto en el país de Heinz Dieterich. A ver si se asoma.
Gracias a todos quienes nos abrieron sus puertas en Barcelona, a quienes nos ayudaron en los conciertos vendiendo nuestros discos y cargando y descargando los equipos, y a quienes nos auguraron un resto de gira exitoso.
Hasta pronto. Y que la fuerza se mantenga con nosotros.

Siendo martes de madrugada, a pocas horas de dejar España, reportó para ustedes, Z. Rosero.

3/8/08

Bautizo: La Resistencia


Hospitalet, en las afueras de Barcelona, sala La Resistencia, 12 am. Es hora de empezar el concierto y, acostumbramos como estamos a esperar un poco más, siempre un poco más hasta que llegue la cantidad de gente suficiente como para el lugar del concierto no se vea desierto, esperamos un poco, pero esta vez, al contrario, la gente amenazaba con irse si no comenzábamos por esto de que la localidad donde nos presentamos es lejos del centro de la ciudad, porque se debe hacer maniobras con el transporte y sus conexiones para llegar a destino y, sobre todo, porque la gente que nos vino a ver esta vez, como ocurre casi siempre, es gente decente que trabaja como la gente decente, o sea, con turnos indecentes que empiezan, por ejemplo, a las 5h30 de la mañana. Entonces, tuvimos que iniciar el toque en condiciones que, por qué no decirlo, a algunos de nosotros nos inyectaron algo de pesimismo por aquello de nuestra tendencia a mirar algunas cosas con fatalidad y a pensar que en adelante las cosas serán parecidas. Pero solo a algunos de nosotros nos pasa, porque también hay quienes tienen los nervios templados y el corazón de hierro, los que nunca se quiebran ante la adversidad y miran las desavenencias como oportunidades para fortalecer los espíritus derrotistas. Para citar a alguien, con sobra de merecimientos por tener el temple de los Jedi más feroces, debemos nombrar al inefable Shadow y su crespo mohicano, también conocido en el Ecuador entero como Cry Baby. No el mohicano que luce radiante sino él.
En resumen, eso de utilizar las aparentes contrariedades como oportunidades de fortalecimiento, en términos musicales quiere decir convencerse uno mismo de tomar un concierto escaso en público “como otro ensayo más y divertirse al máximo, amigos, ¡qué pasa!”. Y en efecto así fue, nos divertimos a pesar de las cifras y nos sentimos inaugurados por el hecho de haber presentado la primera tocada, aunque en realidad la inauguración oficial, por cuestión de los resultados obtenidos, se daría al siguiente día.


Las cifras en La Resistencia: entre 20 y 25 gatos contando al dueño del lugar pero sin contar a los nueve de la banda y tampoco al excelentísimo músico quiteño Gabriel Montúfar, que anda por estas aguas y que nos colaboró haciendo de ingeniero de sonido. Entradas pagadas: 13, porque hasta los panas a veces se portan sapos. Taquilla: 54 euros que ya pueden alcanzar para una tanqueada del auto más pequeño, no el del GPS, el otro. Y sí, la verdad que estuvo divertido a pesar de la poco concurrencia. Es que haciendo una inspección para determinar el porqué de la escasa convocatoria, nos dimos cuenta de que nos habían tapado los afiches que diligentemente pegamos en todo el barrio con un spray mágico que vuelve la tarea instantánea. Encima de los nuestros se habían pegado afiches que anunciaban la llegada de Cristo a la ciudad. Y ahí sí, sea lo que sea, tampoco es que nos vamos a poner en el plano de decir que nosotros somos más famosos que el pana.